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La canastera: paradigma de la lucha de las aves por criar en los humedales

Los humedales costeros de nuestra región tienen un papel fundamental para muchas especies de aves, un hecho que es bien conocido. Sin embargo, hay una especie de ave acuática de la cual la mayor parte de sus ejemplares visitan casi todos los humedales costeros cada año buscando el mejor sitio para criar. Se trata de la canastera común (Glareola pratincola). Y no lo hace por placer, sino por la necesidad de encontrar lugares adecuados para criar. Os invito a descubrir las razones, siguiendo las idas y venidas de las sufridas canasteras.

Pablo Vera

Pablo Vera

La canastera común es un ave peculiar en muchos sentidos. En primer lugar, presenta un plumaje atractivo y vistoso, que ofrece pocas oportunidades de duda o confusión a los aficionados y amantes de las aves: de coloraciones pardas, con un vientre blanco, pecho amarillento, y una marcada garganta amarillenta y pico rojizo con la punta negra. Mientras está posada sobre el sustrato, su diseño facial recuerda a la perdiz, hecho que le confiere uno de sus nombres en valenciano (“perdiu de mar”). A todo esto, se une un vuelo potente pero delicado, que suele acompañar con un reclamo áspero característico y exhibición de su cola horquillada. En segundo lugar, se distribuye por gran parte de la orla del mar Mediterráneo, junto con un núcleo de población oriental que ocupa el suroeste asiático. Asimismo, muestra una distribución disjunta, con poblaciones reproductoras también en algunas regiones aisladas al sur del Sáhara y en el tercio sureste del continente africano. Sin embargo, de forma podríamos decir que única, sus poblaciones nidificantes en Europa, Asia y África se unen en las mismas zonas de invernada, situadas al sur del Sáhara y costa oriental de África.

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Carregada o perdiu de mar. Foto: Pablo Vera

En tercer lugar, es una de las pocas aves acuáticas que se puede decir que durante la época de cría desarrolla unos hábitos principalmente terrestres (para nidificar) y aéreos (para alimentarse). Aunque siempre nidificará en lugares muy próximos al agua, ya que su principal fuente de alimento lo componen invertebrados voladores cuyas fases larvarias tienen lugar en el agua, como por ejemplo las libélulas.  Son estos requerimientos los que llevan a la canastera a sufrir la mayor parte de las amenazas que afrontan las aves acuáticas en los humedales mediterráneos: falta y alteración del hábitat, mala gestión del agua, molestias de fauna asilvestrada, interacciones con fauna silvestre, molestias por actividades humanas y desplazamiento de los cultivos de los correspondientes ciclos biológicos en dichos humedales.

Desapercibida mientras incuba el nido

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Carregada o perdiu de mar. Foto: Pablo Vera

Otra de las características poco comunes en un ave acuática como es la canastera, es que se encuentran adaptadas a utilizar terrenos alterados, con sustrato removido y con muy escasa vegetación. En esas condiciones, aunque parezca raro para un ave de tamaño medio y vuelo vistoso, la canastera pasa totalmente desapercibida mientras incuba su nido. Y de eso depende en gran parte su éxito, pues estos ambientes, como pueden ser islas desprovistas de vegetación, llanos halófitos afectados por fuertes temporales o marismas, son ambientes en los que medran predadores de todo tipo, desde garzas o gaviotas, hasta zorros, comadrejas, etc. o, en la actualidad, también animales de compañía asilvestrados.  Aunque pueda parecer raro, en humedales, los ambientes naturalmente alterados son muy infrecuentes.

En la actualidad, la gestión que se realiza en los humedales busca lograr un mantenimiento de los procesos, creando hábitats adecuados para especies bandera y catalogados, como son algunas aves acuáticas (p.e. cerceta pardilla, malvasía cabeciblanca), garzas (garza imperial, garcilla cangrejera) o larolimícolas (donde, además de la canastera, se incluyen los charranes, gaviotas y otros limícolas como cigüeñuelas o avocetas). Por ello, las canasteras se ven obligadas a compartir colonia con charranes y gaviotas, una situación no muy favorable que digamos, habituadas a la tranquilidad de las colonias monoespecíficas. Por esta razón se instalan en campos de cultivos trabajados y arados en este período, o caminos agrícolas no transitados, situados en el entorno directo de los humedales.

Al primer intento

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Carregada o perdiu de mar. Foto: Pablo Vera

Algunas canasteras (pocas) logran sacar su descendencia en el primer intento, afectada por molestias como la presencia de predadores o los propios agricultores que trabajan sus campos, por lo que la mayor parte pierde sus puestas y se ven obligadas a emprender un segundo intento. Y es este el momento en el que empiezan a aparecer en otros humedales como l’Albufera, una vez se han inundado los arrozales. Para ellas es el segundo plato, y, por tanto, en fechas tardías, donde tienen reducidas expectativas de sacar adelante a su descendencia. Pero lo intentan, año a año, en diferente número de parejas y con diferente éxito dependiendo de la disponibilidad de alimento durante el período de alimentación de los pollos.

Su adaptación a cambiar de lugar donde establecer la colonia una vez siente peligrar la puesta, facilita que en apenas 1-2 días inicien una nueva puesta en un nuevo lugar. Se puede decir que conocen dónde se sitúan todas las colonias potenciales, y escogen rápidamente esa segunda o tercera opción.  Curiosamente, año tras año las canasteras suelen observarse en los marjales de Castellón (Nules, Prat de Cabanes Torreblanca) y Marjal del Moro antes que en las colonias de l’Albufera. Bien podría ser un indicativo de que las canasteras, tras pasar el invierno en África, vuelven preferentemente a los lugares donde criaron por primera vez el año anterior, aunque infructuosamente. También es cierto que, muy probablemente las canasteras, pasan de largo por l’Albufera, al encontrarse a finales de abril y en la actualidad casi todo mayo con los arrozales secos. La canastera, que depende de invertebrados voladores con fases larvarias acuáticas, no encuentra en abril y mayo un hábitat no ya adecuado, sino acuático, en los arrozales de l’Albufera.  De acuerdo a todo esto, os preguntaréis ¿Y cómo logran sobrevivir, año tras año, con tanta dificultad y escaso éxito reproductor?. Con suerte, algo en el ecosistema hace click y se desencadena una respuesta en cadena en su población.

Un segundo “click”

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libèl.lules. Foto: Pablo Vera

Es, precisamente, lo que ha ocurrido este año con las libélulas en los arrozales de l’Albufera: una emergencia sincronizada de millones y millones de libélulas (Sympetrum fonscolombii) en el momento en el que las canasteras decidían dónde hacer su segundo o tercer intento de la temporada. La razón de esta emergencia masiva de libélulas, que no es igual cada año, no es bien conocida. En cualquier caso, con tal abundancia de alimento, que capturan en vuelos vertiginosos y acrobáticos, podrán alimentar a sus pollos durante el crecimiento. Sólo hace falta un segundo click: que no aparezcan predadores ni molestias humanas en los lugares que han escogido para su último intento de la temporada. Si no las hay, lograrán reclutar un importante contingente de jóvenes a la población. Si las hay, supondrá un nuevo año con fracaso de la especie. Así de fina es la línea que separa el éxito del fracaso de esta especie, que nos ha mostrado las escasas luces y abundantes sombras de los humedales de nuestra región.  Con suerte, en agosto podremos disfrutar de grandes grupos de canasteras cazando libélulas y otros insectos voladores sobre los arrozales, en los cordones dunares o en campos en barbecho y pastizales próximos a humedales. Para ello, también nosotros debemos poner nuestro granito de arena, y disfrutar de las canasteras con prudencia, manteniendo la distancia con respecto a los núcleos poblacionales.

Saber que las canasteras ven en tu presencia una amenaza es bien sencillo: empezarán a revolotear sobre tu cabeza en grupo, con un gran escándalo. En ese caso, alejándote verás cómo las canasteras vuelven a dedicarse a sus nidos y a capturar insectos. Y, por último, una pregunta al aire: ¿os imagináis qué ocurriría si los arrozales en los que hay colonias de canastera, como los de l’Albufera, estuvieran sincronizados con los ciclos naturales, y a finales de abril se encontraran con agua, y en plena emergencia de libélulas y otros invertebrados? La canastera lo agradecería. Y como ella, una larga lista de fauna acuática, no solo aves.

Nota final: existe un proyecto de seguimiento de la canastera en la Comunidad Valenciana. Si fotografías un ave con anillas de color en una de sus patas, es muy útil enviar la información de la observación al coordinador del programa, Pedro Marín: gvpmarin@hotmail.com

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