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El Saler para el pueblo, la lucha continúa

La movilización ciudadana para impedir la urbanización de la Devesa de la Albufera de Valencia, en los años 70, es el motivo de la exposición que se puede visitar en el centro cultural La Nau hasta el 15 de octubre.. Es una oportunidad para recordar que la lucha aún no ha terminado. Un hotel abandonado, el Sidi Saler, otro en activo como es el Parador Luis Vives y otras edificaciones privadas invaden aunque el emblemático paraje de Valencia.

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Fèlix Tena

En 1966 España afronta el peor incidente nuclear de su historia. Dos aviones estadounidenses, un B-52 y un cisterna, impactan en pleno vuelo mientras efectuaban una maniobra de repostaje cerca de la costa de Almería. El bombardero estratégico transportaba cuatro bombas termonucleares Mark, de 1,5 megatones cada una. Tres de ellas caen en tierra y la otra en el mar. Hoy la radiación aún está activa en los campos de la población de Palomares, a pesar del silencio oficial. En aquella época el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, y el embajador de Estados Unidos en España, Angier Biddle Duke, tomaron el baño más famoso que registraron jamás las cámaras del NODO, para tratar de demostrar que las aguas no suponían ningún peligro para la salud. 10 Días después de aquella mediática escena, Fraga, vino a Valencia a inaugurar el Parador Nacional del Saler. Eran los tiempos de “Spain is different” y la apuesta por el turismo. Dentro esa nueva etapa “tecnócrata” del régimen de Franco, el ministro del bañador tamaño XXXL impulsa un plan para urbanizar la zona de la Devesa de la Albufera. El plan era cubrirla de lujosas infraestructuras, que incluían un campo de golf, hipódromo, un puerto deportivo con canales que permitieron amarrar las embarcaciones de recreo a la puerta de las casas de sus propietarios, rascacielos residenciales, hoteles y una larga lista de equipamientos. El Ayuntamiento aprueba el plan en 1965 y comienzan las primeras obras.

La primera movilización conjunta de la ciudad

Muy pronto se alzaron las primeras voces para denunciar el grave impacto ambiental y paisajístico que supone la actuación. Biólogos, naturalistas y diferentes académicos de la universidad plantean su oposición. Entre ellos recordamos nombres como Ignacio Docavo, Justo Martínez, Trini Simó, Gil Corell o Josep Vicent Marques. Además se añaden a la protesta los representantes de las asociaciones de vecinos, que en aquella época recibían el nombre de Asociaciones de Cabezas de Familia, el Colegio de Arquitectos, el diario Las Provincias y en definitiva la sociedad civil. Incluso se unió a la causa el programa Fauna Salvaje de Félix Rodríguez de la Fuente, que en 1970 denunció los efectos del plan. Como recuerda el arquitecto Carles Dolç es “la primera lucha conjunta de la ciudad” contra una decisión del régimen franquista, y posiblemente una de las primeras grandes movilizaciones ciudadanas de Europa por motivos medioambientales. El punto culminante del movimiento es una exposición organizada en 1974 por el Colegio de Arquitectos con el lema “El Saler para el pueblo, ahora!”, y una manifestación con el mismo lema, que fue reprimida por la policía. El proyecto queda paralizado y se deja a medias. Con el retorno de la democracia el plan definitivamente es eliminado y en 1986 la Albufera es declarada parque natural.

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cartellMás de 30 años después una exposición recupera documentación e imágenes de aquella movilización pionera con algunos de sus protagonistas todavía en activo. Es el caso del arquitecto Carles Dolç, que también participó en la gestación del colectivo Salvem el Botànic. Dolç es uno de los comisarios de la exposición junto a los también arquitectos Tito Llopis, Felipe Martínez y Luis Alberto Perdigón, y la periodista María José Picó. La muestra se puede visitar en el Centro Cultural la Nau de la Universidad de Valencia hasta octubre, y cuenta con el patrocinio de Caixa Popular. El vicerrector de Cultura de la Universidad, Antonio Ariño, destaca que la exposición “no es una operación de nostalgia, es una muestra de cómo la lucha vecinales hace posible conquistas”. En la misma línea incide el alcalde de Valencia, Joan Ribó, que recuerda el poder que puede tener la gente cuando se moviliza. El concejal de la Devesa Albufera, Sergi Campillo, considera “muy importante que las nuevas generaciones recuperan la memoria histórica de cómo una sociedad civil que se moviliza puede conseguir lo que considera adecuado” incluso en aquel tiempo de dictadura.

Dos hoteles dentro del parque natural

Algunos históricos activistas de la movilización evidencian que la lucha aún no ha terminado, porque siguen en pie varios vestigios de aquellos planes urbanísticos. Lo más evidentes son el hotel Sidi Saler, ahora abandonado, y el Parador Nacional Luis Vives, y sus sucesivas ampliaciones, como recuerda la histórica dirigente vecinal Sol Romeu Alfaro, que también destaca la incompatibilidad del campo de golf y su césped con la legieslación del espacio protegido. Además quedan en pie varias urbanizaciones residenciales, algunas en primera línea de playa, o el lago artificial del lago de Pujol, que formaba parte de un complejo de canales para conectar un puerto deportivo con los muelles de las embarcaciones. Carles Dolç evidencia que el espacio protegido está mejor desde los años 80, pero aún no ha recuperado el aspecto que tenía en los 60, antes del inicio de las actuaciones urbanísticas.

El alcalde de Valencia, Joan Ribó, ha reiterado que el Ayuntamiento trabaja para que el espacio ocupado por edificaciones “revierta al parque natural”, pero ha insistido, en declaraciones a Samarucdigital, en la importancia de que la operación sea el fruto de la negociación y no suponga un coste económico añadido para los ciudadanos.

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