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La única jara de Cartagena

La jara de Cartagena es la planta más escasa de todo el territorio valenciano y una de las más amenazadas en el Mediterráneo occidental. La única población que sobrevive en condiciones naturales está en La Pobla de Vallbona.

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Anna Yusà

En el año 1986 se encontró la única jara de Cartagena que sobrevive hasta hoy en condiciones naturales. El autor del hallazgo es el botánico José Benito Crespo, que paseando por el municipio de La Pobla de Vallbona, en el Camp de Túria, identificó la planta rodeada de edificaciones y en medio de una urbanización.

La jara de Cartagena (Cistus heterophyllus subsp. Carthaginensis) se localizó por primera vez en Cartagena, Murcia, como su nombre indica. Pero un incendio hizo desaparecer los seis ejemplares que allí vivían, dejando al individuo de La Pobla de Vallbona como la única muestra en el medio natural. A partir de este conocimiento, se empieza a trabajar para la conservación de la especie, creando programas para su recuperación e introducción al campo.

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La jara de Cartagena (Cistus heterophyllus subsp. Carthaginensis) Foto: Anna Yusà

El comienzo de un problema

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Instalaciones del CIEF

Una vez conocido este individuo único, el objetivo era reproducirlo para mitigar su desaparición inminente. Pero se habla de una planta autoestéril, es decir, que no permite la reproducción con ella misma, o eso se creía. Por lo tanto, si tan sólo se conocía la existencia de una planta y estaba declarada como planta en peligro de extinción – sólo tenían clones extraídos de los esquejes, pero no se podían sacar descendentes de ellos – ¿cómo podía tener un futuro próspero?

Un futuro esperanzador

Hace poco años, de una manera bastante inesperada, esta planta expresó reproducción sexual, rompiendo la creencia y el título de autoestéril, que permitió extraer tres semillas. Y a partir de ahí ya se ha podido trabajar y reproducir con más facilidad. Los técnicos del Centro para la Investigación y Experimentación Forestal (CIEF) de la Generalitat trabajan desde hace años en la reproducción de la planta en sus viveros, donde han conseguido varias poblaciones. El reto más grande que hay ahora es sacarla al medio natural, trabajando con cuidado para que no se hibride con la estepa blanca. De este modo, se podrán conseguir un número suficiente de especies en la naturaleza para poder sacarla de la denominación de planta en peligro de extinción.

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