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Andreu Escrivà: “el cambio climático está en el plato, en los ambulatorios y en el recibo de la luz”

Beber zumo de naranja y comer carne son decisiones sobre cambio climático. Lo explica el ambientólogo Andreu Escrivà, empeñado en comunicar el mayor problema que afronta el mundo que afecta desde el crecimiento de las gambas hasta el régimen de lluvias. Todo lo expone en un libro con título esperanzador; “Encara no és massa tard”.

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Fèlix Tena

Rodeados por los árboles centenarios del Jardín Botánico de la Universitat de València una tarde de primavera parece que la vida evoluciona con calma. Un escenario tranquilo en apariencia pero que como todos los ambientes de la Tierra está siendo alterado por el cambio climático. Para hablar del tema nos hemos citado con Andreu Escrivà, ambientólogo, doctor en Biodiversidad y miembro del Observatorio del Cambio Climático y del Comité de Expertos en Cambio Climático de la Generalitat Valenciana. Además es un divulgador tremendamente activo que comunica claro y raso lo que le está pasando al clima del planeta para que todo el mundo lo pueda entender y colaborar en las soluciones, como ha mostrado también en sus colaboraciones para Samarucdigital. “Hay que reducir emisiones y capturar dióxido de carbono pero se debe tomar una conciencia colectiva. Tenemos que hablar de cambio climático en la frutería o en el bar, y en los debates políticos. Una vez nos informamos y tenemos las herramientas podemos actuar”, evidencia Andreu que ha vertido todos sus conocimientos en el libro “Encara no és tard. Claus per a entendre i detindre el canvi climàtic”, galardonado con el Premio Europeo de Divulgación Científica. “Lo más esperanzador del cambio climático es que depende de nosotros. Quizás llegue algún día en que la naturaleza tome el control, pero en este momento somos los protagonistas y podemos reescribir el guión si así lo queremos “, advierte el científico.

El año que cambió el mundo

1988 Mijail Gorvachov se convierte en jefe de estado de la Unión Soviética, iniciando un trepidante programa de reformas. El año en que los Dire Straits triunfan con su recopilatorio Money for Nothing, Internet conecta por primera vez Estados Unidos y Europa y comienza a implantarse el uso de un acrónimo que marcará la entrada en la era de la interconexión global: WWW (World Wide Web). En ese contexto pasaron desapercibidas dos noticias que anunciaban un cambioC9N6paGWsAEw6-5de ciclo. En lagos de Estados Unidos descubrieron los primeros ejemplares de mejillón cebra, una especie invasora que provoca importantes daños económicos. La otra noticia se produce en el Senado estadounidense donde, James Hansen, científico de la NASA, anuncia que “el calentamiento ha comenzado ya” y pide medidas urgentes para frenarlo, después de pasar siete años recogiendo pruebas sobre los efectos del incremento de CO2, coincidiendo con el aumento de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Aquel año las olas calor causaron alrededor de 17.000 muertes en Estados Unidos entre intensos periodos de sequía. Andreu Escrivá recuerda ese momento y también otros datos sobre la historia climática del planeta, que ha sufrido varias alteraciones repentinas, pero nunca antes las actividades humanas habían tenidos tantas consecuencias en tan poco tiempo.

Es una cuestión de emisiones de gases como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), varios clorofluorocarbonos (CFC), el ozono (O3) o el vapor de agua que encierran la atmósfera como si fuera un invernadero, donde el calor entra pero no puede salir. “El cambio climático va de emisiones de gases de efecto invernadero pero no sólo de tubos de escape de coches o chimeneas, también de los usos del suelo. Si desecan una zona húmeda si no le aportamos agua, si no dejamos que llegue toda el agua que necesita, puede comenzar a emitir gases de efecto invernadero. Si construimos en un lugar y cortamos árboles estamos evitando que esos árboles capturan dióxido de carbono como ocurre en el caso valenciano y de la cuenca mediterránea,” aclara Escrivá y añade que “la gestión de los bosques contribuye tanto al cambio climático como los coches, los camiones o los aviones.” En Indonesia, nos explica el investigador, se produjeron unos grandes incendios en 2015 que en apagarse provocaron la entrada de oxígeno bajo el suelo causando fuegos internos. Había días que estos incendios emitían más GEI que toda la economía de EE.UU. combinada, según un informe de la Agencia Atmosférica de EEUU.

El día en que las gambas dejen de crecer

2016 ha sido el año más caluroso desde que se tienen registros, con un incremento de 1,1 grados de media por encima de la era preindustrial según la NASA y la NOA. Ese incremento, que puede parecer mínimo en términos absolutos, está en el orígen de efectos que todos notamos. Además de la alteración de fenómenos extremos de sequía y lluvias torrenciales, aumentan las enfermedades asociadas a problemas respiratorios y muchas especies vegetales han visto alterados sus ciclos de floración. “Hay muchos animales y plantas que tienen un rango de temperaturas. Esto es como el teléfono móvil, cuando dice que funciona entre -30 y 30 grados. Hay animales marinos a los que, por ejemplo, no les crece la cáscara por encima de una determinada temperatura porque no pueden incorporar los minerales. Así igual nos encontramos que algunas gambas o langostinos empiezan a dejar de crecer “, explica Escrivà que recuerda como en el Delta del Ebro “ha bajado entre un 40% y un 50% la producción de mejillones. El cambio climático está en el plato, en los ambulatorios y los centros de salud. En los recibo de la luz también.” Y añade que “afecta a todo, no es una cuestión de los osos polares, ni de ecologistas que abrazan a los árboles, es una cuestión más del día a día que de los animales perdidos en el Amazonas,” al tiempo que lamenta la pérdida de biodiversidad debido a la alteración de los hábitats de la fauna y la flora más sensibles, que está causando la llamada Sexta Extinción.

Como el zumo de naranja afecta al cambio climático

A pesar de todo el científico recuerda que tenemos soluciones disponibles al alcance de todos. “Hemos ganado la hegemonía climática, ahora hemos de convertirla en acciones. Hay que pasar del esquema de pequeños gestos del día a día, a cambios de verdad transformacionales; nuestro ocio, la forma en que producimos, viajamos, la alimentación … Igual es mejor exprimirte una naranja en casa que comprar un zumo exprimido, que puede ser muy bueno pero viene de muy lejos y necesita el envase que causa un gasto energético mayor “, muestra gráficamente Escrivá que recuerda como cada consumidor tiene en sus manos grandes decisiones a la hora de elegir entre los productos que le ofrecen las empresas e influir en las decisiones de los políticos. El científico evidencia una tendencia nueva, iniciada hace pocos años, que trata de cambiar el sistema también desde dentro y lo ejemplifica en la decisión de países como Irlanda que han dejado de invertir en combustibles fósiles, o las demandas presentadas contra gobiernos como el de Holanda para no actuar con mayor contundencia contra el cambio climático.

Las inmobiliarias estadounidenses recomiendan no comprar en primera línea

“Las grandes empresas y las grandes fortunas se están preparando para vivir dentro del cambio climático”, como dice Andreu Escrivà que asegura que “incluso Donald Trump admite en sus negocios que el nivel del mar está subiendo.” El multimillonario presidente tiene propiedades en una zona costera de Florida, que incluyen un campo de golf, por ello ha pedido permiso para construir una estructura que frene la intrusión del mar en ellas. “Las inmobiliarias en EE.UU. están recomendando no comprar en primera línea de playa, síntoma más claro de que ahí pasa algo no lo tienes. Las aseguradoras ya están subiendo las primas y bajando en función de los riesgos climáticos, es algo que se está trabajando a nivel global pero no hay una percepción del ciudadano de que esos costes se están incorporando “, detalla Escrivà que el mismo tiempo estima que Trump no puede parar el estallido de empresas que están invirtiendo en energías renovables en Estados Unidos, pero sí está frenando los recursos que se están destinando a los científicos para la investigación.

El negocio en renovables es un hecho creciente en el otro país más contaminante del mundo, China, que ha decidido no construir 100 centrales térmicas de carbón que tenía previstas hacer. Otros países se están añadiendo también al club de la reducción de gases de efecto invernadero establecido en el Acuerdo de París, como el caso de la India que se ha comprometido a reducir un 20% las emisiones más de lo que tenía previsto. Andreu Escrivà mantiene su posibilismo cargado de esperanza ante las opciones diversas que depara el futuro y asegura que “luchar contra el cambio climático un luchar por un mundo mejor. Si lo hacemos nos estamos dirigiendo a un mundo mucho más limpio, más saludable, más equitativo, más justo y más independiente “.

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